Un estudio realizado por la arqueóloga Hillary Cool ha despertado el interés de los historiadores. La investigación se centra en un pequeño frasco de vidrio descubierto durante unas excavaciones en York, Inglaterra, en la década de 1980. Lo que durante años fue considerado una curiosa pieza de vidrio romano-británica ha resultado ser un excepcional recipiente egipcio para kohl, el cosmético utilizado por los antiguos egipcios para delinear los ojos.
El hallazgo se produjo entre 1983 y 1984 durante una intervención arqueológica realizada por el York Archaeological Trust en el número 24-30 de Tanner Row. Los investigadores localizaron un frasco de vidrio en un estrato datado a finales del siglo II d.C., cuando aquella zona de la ciudad había pasado a utilizarse como vertedero debido al crecimiento urbano.
La pieza llamó la atención desde el primer momento. Presentaba un característico color azul verdoso, una intensa iridiscencia plateada y manchas oscuras provocadas por la corrosión. Estas peculiaridades llevaron a los especialistas a clasificarla inicialmente como una muestra atípica de la artesanía del vidrio romano-británica.
Sin embargo, décadas después, mientras organizaba material de archivo, la doctora Cool observó un sorprendente parecido entre el objeto hallado en York y los recipientes utilizados en Egipto para almacenar kohl. La hipótesis resultaba coherente tanto por la forma de la pieza como por su cronología.
La investigadora descartó otras explicaciones. No se trataba de un caso excepcional de conservación ni de una botella romana defectuosa. Tampoco encajaba con los recipientes habituales fabricados en Britania, que solían presentar paredes más finas y un interior hueco que reproducía la forma exterior.
La nueva identificación convirtió al hallazgo en un caso único: el primer y único frasco de kohl descubierto hasta la fecha en la Britania romana.
Los especialistas consideran poco probable que el objeto fuera un artículo comercial, ya que este tipo de recipientes apenas circulaban fuera de Egipto y Sudán. Tampoco parece que se utilizara como envase para perfumes debido a su reducido tamaño. Ni siquiera la posibilidad de que fuera un recuerdo de viaje resulta convincente, dado lo excepcional de estos hallazgos lejos de su lugar de origen.
La explicación más plausible apunta a una persona concreta: un soldado. Según plantea el estudio, el frasco pudo pertenecer a un militar procedente de Egipto o a alguien que hubiera pasado una larga temporada allí y decidiera conservar una pequeña muestra de sus costumbres personales. El objeto habría viajado miles de kilómetros hasta Britania junto a su propietario, convirtiéndose en un testimonio silencioso de movilidad, identidad y memoria cultural dentro del Imperio romano.
El estudio destaca que la presencia del frasco encaja con otros indicios de influencia egipcia en la Britania romana. Entre ellos figura un templo dedicado al dios Serapis en York, promovido por el comandante Claudio Jerónimo, así como una caja de marfil decorada con la imagen del dios Anubis hallada en Leicester junto a un sello militar relacionado con una base egipcia.
Fuentes en español para seguir leyendo: https://historia.nationalgeographic.com.es/actualidad/soldado-egipcio-que-se-maquillaba-ojos-york-hace-1900-anos_26255?fbclid=Iwb21leASXNUNjbGNrBJc1EmV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkDDM1MDY4NTUzMTcyOAABHpSmss0Wx-rmvXpPFWCbgh6FViMtOY3rHki4F7KyCL9cAFFYFaT2lOCRALd1_aem_6zhkC9rvxad9ZzPMU7W_GA
Estudio (de pago): https://www.cambridge.org/core/journals/britannia/article/abs/an-egyptian-at-york/AC5E8800948FFCABC74AC380D50794D8
