ANTECEDENTES (Resumen)
En el año 2015, el egiptólogo británico Nicholas Reeves planteó una hipótesis que generó un intenso debate: la tumba de Tut-anj-Amón (KV 62) podía ser más extensa de lo que hasta entonces se había considerado y conservar, detrás de las paredes decoradas de la cámara funeraria, espacios todavía desconocidos.
La propuesta surgió a partir del estudio de la documentación de altísima resolución obtenida por Factum Arte durante los trabajos realizados en 2009 para crear una réplica de la tumba. Las imágenes y los registros tridimensionales de las superficies de las paredes permitían examinar con enorme detalle las pinturas, grietas, irregularidades y características técnicas de la decoración.
Al analizar esta documentación, Reeves creyó identificar en las paredes de la cámara funeraria rastros que podían corresponder a dos puertas antiguas posteriormente selladas y ocultas bajo el enlucido y la decoración. Una de ellas se encontraría en la pared occidental y podría conducir a una pequeña estancia de almacenamiento. La segunda, situada en la pared norte, tendría una importancia mucho mayor, ya que podría señalar la continuación de la tumba más allá de la cámara funeraria.
Esta interpretación se apoyaba además en la propia arquitectura de la KV 62. Reeves consideraba que determinadas características de la planta no encajaban bien con una tumba concebida originalmente para un rey y planteó que el monumento podía haber sido construido para un personaje anterior y posteriormente reutilizado y adaptado para Tut-anj-Amón.
A partir de la orientación y las características arquitectónicas de la posible continuación hacia el norte, Reeves llegó a proponer una hipótesis todavía más llamativa: que la tumba original pudiera haber sido destinada a Nefertiti. De acuerdo con esta interpretación, la parte actualmente conocida de la KV 62 correspondería a una ampliación o adaptación realizada para Tut-anj-Amón, mientras que detrás de la actual pared norte se conservaría una parte anterior de la tumba.
Reeves publicó sus argumentos en 2015 bajo el título The Burial of Nefertiti?. El signo de interrogación era significativo: se trataba de una hipótesis basada en la interpretación arquitectónica y documental, no de la identificación arqueológica de la tumba de Nefertiti.
La propuesta desencadenó nuevas investigaciones mediante técnicas geofísicas. Los primeros estudios parecieron ofrecer indicios compatibles con la existencia de espacios detrás de las paredes, pero investigaciones posteriores no reprodujeron todos aquellos resultados. Por ello, durante los años siguientes la existencia de las supuestas cámaras quedó sin demostrar.
La cuestión, sin embargo, no quedó cerrada. Nuevas investigaciones realizadas en 2023 y 2024 mediante diferentes técnicas geofísicas han vuelto a estudiar el subsuelo y las estructuras situadas en torno a la KV 62, proporcionando nuevos datos que sus autores consideran compatibles con una mayor extensión de la tumba de la que tradicionalmente se había reconocido.
NUEVAS HIPÓTESIS
Las nuevas investigaciones arqueogeofísicas, desarrolladas en dos campañas durante 2023 y 2024, han reavivado la hipótesis de Reeves y apuntan a la posible existencia de espacios funerarios todavía desconocidos en las proximidades de la tumba de Tut-anj-Amón. Según sus autores, los resultados son compatibles con la posibilidad de que la KV 62 forme parte de un complejo funerario mucho mayor y anterior al enterramiento del faraón.
El nuevo estudio ha sido dirigido por Mamdouh Eldamaty, profesor de la Universidad Ain Shams de El Cairo y antiguo ministro egipcio de Antigüedades, junto con Abbas Mohamed Abbas, del National Research Institute of Astronomy and Geophysics (NRIAG), y el ingeniero y especialista en investigaciones geofísicas George Ballard, del GBG Group, en colaboración con el Amarna Royal Tombs Project y Nicholas Reeves. El trabajo constituye el Occasional Paper No. 8 de este proyecto y revisa también las investigaciones realizadas en KV 62 desde 2015.
La tumba de Tut-anj-Amón presenta desde hace tiempo una característica que ha llamado la atención de los investigadores: su reducido tamaño y su planta resultan poco habituales para una tumba real de la XVIII dinastía. Howard Carter ya había expresado en 1923 su sorpresa ante las reducidas dimensiones del acceso. Esta peculiaridad fue uno de los elementos que llevaron a Reeves a plantear que la tumba visible actualmente pudiera ser solamente una parte de una construcción anterior y más extensa.
Para comprobar esta posibilidad, la nueva investigación ha combinado diferentes técnicas geofísicas, entre ellas georradar (GPR), tomografía de resistividad eléctrica, cartografía geológica y microgravimetría, además de estudios arquitectónicos, decorativos y textuales. Uno de los aspectos más novedosos ha sido precisamente el empleo extensivo de la microgravimetría para detectar variaciones de densidad del subsuelo y la comparación de los resultados obtenidos mediante los distintos métodos.
Los resultados apuntan, según los autores, a dos áreas especialmente significativas.
Al oeste de la cámara funeraria existirían indicios compatibles con una estancia adicional. El estudio considera que las anomalías detectadas podrían corresponder a una cámara de almacenamiento, semejante a otras dependencias que formaban parte de las tumbas reales de la XVIII dinastía. El informe relaciona estos datos con la posible puerta que Reeves había identificado en las imágenes de Factum Arte.
La zona situada al norte de la cámara funeraria es todavía más llamativa. Los investigadores interpretan los diferentes datos geofísicos como indicios de una posible continuación funeraria de mayores dimensiones. Según su reconstrucción, podría existir un corredor de entre aproximadamente 1,5 y 2,5 metros de anchura, parcialmente o totalmente colmatado de escombros, que conduciría hacia otras estancias. El hecho de que el espacio esté relleno de material habría dificultado su identificación mediante técnicas destinadas a localizar grandes cavidades vacías.
La interpretación más ambiciosa del estudio sitúa este posible complejo aproximadamente 25-30 metros al norte de KV 62. Los autores consideran probable la existencia en esa zona de cinco o seis cámaras, posiblemente comunicadas entre sí mediante pasadizos que habrían sido rellenados deliberadamente con escombros en la Antigüedad. El informe plantea asimismo que el acceso a este conjunto podría encontrarse oculto tras un muro de piedra revocado situado en el extremo oriental del muro norte de la cámara funeraria.
Los investigadores consideran que la combinación de los diferentes métodos proporciona un apoyo científico adicional a la idea de que KV 62 es anterior al enterramiento de Tut-anj-Amón y originalmente tuvo una extensión mayor de la que hoy conocemos. El informe concluye que los datos acumulados desde 2015 apuntan con una probabilidad elevada a la existencia de un complejo funerario que se prolongaría hacia el norte y de, al menos, una cámara adicional al oeste.
La hipótesis vuelve a relacionarse con Nefertiti porque Reeves sostiene que KV 62 pudo ser originalmente una tumba real destinada a una reina de la época de Amarna y que, tras diferentes modificaciones, únicamente su parte exterior habría sido reutilizada para el enterramiento de Tut-anj-Amón. En el modelo propuesto por Reeves, las zonas más profundas podrían haber conservado el enterramiento de la propietaria original.
El informe de 2026 mantiene esta interpretación como una posibilidad, pero no demuestra que Nefertiti se encuentre allí. De hecho, sus autores reconocen expresamente que el complejo oculto podría no corresponder finalmente a la tumba de Nefertiti, aunque consideran que los indicios apuntan hacia una relación con la familia real de Amarna y el entorno inmediato de la corte de Ajenatón.
Por el momento, por tanto, no se ha descubierto una nueva cámara ni se ha localizado la tumba de Nefertiti. Lo que existe son anomalías geofísicas y arquitectónicas que los investigadores interpretan como compatibles con estructuras construidas por el hombre. Otros especialistas consultados por Nature consideran los resultados interesantes y plausibles, pero señalan que los datos disponibles todavía no permiten establecer una conclusión definitiva.
El propio informe reconoce que las técnicas geofísicas han llegado prácticamente al límite de lo que pueden determinar sin una intervención directa. El siguiente paso tendría que consistir en comprobar físicamente qué existe detrás de las zonas señaladas, algo que requeriría la autorización del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.
Así, cien años después del descubrimiento de la tumba de Tut-anj-Amón por Howard Carter, la KV 62 vuelve a ocupar el centro de una de las grandes incógnitas de la arqueología egipcia: si la pequeña tumba que hoy conocemos es realmente el monumento completo o solamente la parte exterior de una construcción real mucho más extensa.
Estudio
Revisión de los trabajos arqueogeofísicos realizados en el interior y en los alrededores de la tumba de Tutankhamón (KV 62) desde 2015, incluidas dos campañas llevadas a cabo en 2023-2024 bajo la dirección del profesor Dr. Mamdouh Eldamaty, de la Universidad Ain Shams de El Cairo, por el grupo GBG, de Cambridge, y el National Research Institute for Astronomy and Geophysics (NRIAG), de El Cairo, en colaboración con el Amarna Royal Tombs Project.
El estudio consta de tres partes:
(1) un resumen de los elementos arqueológicos que dieron lugar a estas investigaciones, señalados por primera vez por Nicholas Reeves en 2015 y desarrollados con mayor detalle durante la década siguiente;
(2) una revisión de los trabajos geofísicos y de investigación anteriores relacionados con la tumba y con su extensión física, realizados por diversos equipos desde 2015;
(3) una presentación de las últimas investigaciones llevadas a cabo sobre el terreno por GBG y NRIAG durante 2023-2024 y debidamente comunicadas al Consejo Supremo de Antigüedades (SCA).
Entre los aspectos más destacados de este último estudio se encuentra el empleo de mediciones microgravimétricas para investigar estructuras arqueológicas profundamente enterradas, así como la importancia concedida a la correlación cruzada entre los distintos métodos al utilizar técnicas indirectas de teledetección.
Los resultados, una vez analizados en su totalidad, proporcionan apoyo científico adicional a la hipótesis de que la estructura de la KV 62 es anterior al enterramiento de Tutankhamón y probablemente tiene una extensión mayor de la que tradicionalmente se había considerado.
Acceso a la investigación: Mamdouh Eldamaty, Abbas Mohamed Abbas, George Ballard, Nicholas Reeves, «Occasional Papers of the Amarna Royal Tombs Project, No. 8 (2026): An Archaeo-Geophysical Review and Assessment of the Structure and Morphology of Tutankhamun’s Tomb (KV 62) (The Burial of Nefertiti? IV).»58 pp. (PDF, 5 MB, on academia.edu)
