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Nuevas evidencias refuerzan la posibilidad de que existan cámaras ocultas tras la tumba de Tut-anj-Amon

Esta noticia se basa en un artículo publicado por la egiptóloga Kara Cooney en Ancient Now, en el que analiza los resultados de las nuevas investigaciones geofísicas realizadas en KV 62 y los relaciona con la hipótesis planteada por Nicholas Reeves sobre la posible existencia de estructuras ocultas detrás de la tumba de Tut-anj-Amon.

La posibilidad de que detrás de la tumba de Tut-anj-Amon (KV 62), en el Valle de los Reyes, existan otras cámaras y corredores vuelve a cobrar fuerza tras la publicación de un nuevo estudio que revisa una década de investigaciones geofísicas realizadas en el monumento.

La egiptóloga Kara Cooney analiza estos nuevos datos en un artículo publicado el 28 de septiembre de 2026 en Ancient Now, en el que recuerda que lleva años siguiendo la hipótesis planteada por Nicholas Reeves sobre la posible existencia de una estructura funeraria oculta detrás de KV 62. Cooney ya había expuesto los argumentos de Reeves en su libro When Women Ruled the World, publicado en 2018.

El nuevo trabajo está dirigido por Mamdouh Eldamaty, egiptólogo y arqueólogo de la Universidad Ain Shams y antiguo ministro egipcio de Antigüedades, junto con el ingeniero estructural George Ballard y Nicholas Reeves. Se trata de un estudio de unas setenta páginas que revisa los trabajos geofísicos realizados durante aproximadamente una década e incorpora los resultados de dos nuevas campañas de campo llevadas a cabo en 2023 y 2024.

Una nueva lectura de los datos geofísicos

Uno de los elementos más destacados del nuevo estudio es una investigación mediante microgravimetría, una técnica que permite detectar variaciones en la densidad del subsuelo. Según Cooney, es la primera vez que se aplica en el Valle de los Reyes con esta resolución.

Los resultados han identificado varias anomalías que podrían corresponder a estructuras artificiales situadas detrás de la tumba.

Entre ellas aparece una serie de estructuras de baja densidad y ángulos rectos que discurrirían paralelas al muro norte de KV 62. También se ha detectado lo que podría ser un corredor de unos dos metros de anchura, aparentemente relleno de escombros y que se prolongaría desde la zona de la cámara funeraria.

Una de las anomalías, denominada «anomaly 7», presenta una forma aproximadamente cuadrada y una densidad superior a la del espacio que la rodea. George Ballard considera que podría corresponder a una cámara que todavía conservara materiales funerarios.

Por el momento, sin embargo, se trata de interpretaciones de los datos geofísicos y no de cámaras arqueológicamente comprobadas.

La posible comprobación mediante cámaras

El siguiente paso dependerá de la decisión de las autoridades egipcias.

El equipo propone realizar pequeñas perforaciones de apenas 7 u 8 centímetros de diámetro para introducir por ellas cámaras y pequeños vehículos capaces de explorar los espacios detectados.

La intervención permitiría comprobar directamente si las anomalías corresponden realmente a cámaras y corredores, sin necesidad de abrir grandes accesos en los muros decorados de KV 62.

Según la información recogida por Cooney, si las autoridades autorizasen los trabajos, estos podrían comenzar ya en noviembre de 2026.

Una hipótesis que se remonta a 2015

Los nuevos datos no constituyen, en realidad, una nueva teoría sobre KV 62. Cooney recuerda que la propuesta original procede de Nicholas Reeves, quien la planteó en 2015.

La hipótesis de Reeves no se basa exclusivamente en la detección geofísica de un espacio vacío. Su argumento combina diferentes tipos de evidencias: la arquitectura de la tumba, el estudio de su decoración y los datos obtenidos mediante técnicas geofísicas.

Para Reeves, estos elementos, considerados conjuntamente, apuntan a que la tumba que hoy conocemos como KV 62 podría ser solamente parte de un complejo funerario de mayores dimensiones.

Y, sobre todo, considera que la estructura original pudo haber sido concebida para Nefertiti.

La orientación de la tumba

Uno de los principales argumentos de Reeves procede de la planta arquitectónica de KV 62.

Según su análisis, las tumbas de los reyes de la dinastía XVIII presentan normalmente un giro hacia la derecha al salir de la cámara funeraria. KV 62 es una excepción, ya que su recorrido gira hacia la izquierda.

Reeves considera que esta característica coincide con el tipo de planta utilizado en una tumba de reina, y compara KV 62 con la tumba inacabada que se inició para Hatshepsut antes de que se convirtiera en rey por derecho propio.

Desde esta perspectiva, la configuración actual de KV 62 podría conservar la estructura de una tumba originalmente destinada a una mujer de la realeza.

La decoración de las paredes

Otro de los argumentos procede de las propias pinturas de la cámara funeraria.

Los análisis realizados por el Getty Conservation Institute sobre las capas de pigmento del muro norte han permitido identificar diferencias entre esta pared y las otras tres.

La escena del muro norte habría sido realizada originalmente sobre un fondo blanco y siguiendo una cuadrícula de 20 cuadrados, característica del período de Amarna.

Las otras paredes, en cambio, fueron decoradas posteriormente directamente sobre un fondo amarillo y utilizando una cuadrícula de 18 cuadrados, correspondiente al reinado de Tut-anj-Amon.

Según la interpretación de Reeves, esto indicaría que la decoración del muro norte pertenecía a una fase anterior y que posteriormente fue modificada para adaptarla al enterramiento de Tut-anj-Amon.

Nombres modificados bajo los cartuchos

Las imágenes obtenidas mediante fotogrametría de alta resolución por Factum Arte proporcionaron otro elemento importante.

En los cartuchos asociados a Ay, sucesor de Tut-anj-Amon, se han identificado restos de nombres anteriores.

Reeves interpreta estos vestigios como cartuchos pertenecientes a una fase previa de la decoración y considera que algunos corresponderían a una versión anterior del nombre de Tut-anj-Amon.

La interpretación tendría una consecuencia importante: la escena habría representado originalmente a Tut-anj-Amon enterrando a su predecesor, y no a Ay enterrando al joven faraón.

¿Podría aparecer Nefertiti en la decoración?

La hipótesis de Reeves llega también al terreno de la iconografía.

El investigador considera que el rostro de la figura situada en la escena podría haber sido modificado posteriormente y que sus rasgos coincidirían con los de Nefertiti, incluida la célebre representación de la reina conservada en Berlín.

Esta es, según Cooney, una de las partes más discutidas de toda la interpretación.

Por ello, debe distinguirse entre las evidencias arquitectónicas y decorativas y la identificación concreta de Nefertiti. La existencia de una decoración anterior puede analizarse independientemente de que el personaje representado sea o no la famosa reina.

Una tumba demasiado pequeña para un enterramiento real

Reeves también encuentra problemas en la propia configuración de KV 62.

Según su análisis, las tumbas reales de este período disponían normalmente de cuatro cámaras de almacenamiento, mientras que KV 62 solamente tiene dos.

Además, las tumbas reales incluían largos corredores interrumpidos por una denominada «well room» (pozo), una estancia cerrada que funcionaba como espacio de transición ritual.

La planta actual de KV 62 no tiene esa configuración.

Para Reeves, la explicación sería que la estancia que hoy identificamos como cámara funeraria de Tut-anj-Amon no fue concebida originalmente para albergar su enterramiento.

Su interpretación es que el joven rey habría sido enterrado de forma apresurada en una zona del complejo que originalmente formaba parte del acceso a la tumba de un soberano anterior.

De este modo, la cámara funeraria de Tut-anj-Amon habría sido construida y adaptada dentro de una estructura que ya se encontraba en proceso de construcción.

¿Howard Carter encontró indicios de una puerta?

La historia de la investigación añade otro elemento intrigante.

Según Reeves, Howard Carter, descubridor de KV 62 en 1922, también sospechó que la tumba podía ocultar algo más.

Fotografías comparativas tomadas en la década de 1930 muestran una zona del muro norte en la que se habría aplicado yeso y pintura para disimular daños.

Reeves interpreta esta zona como posible evidencia de un sondeo no documentado realizado por Carter en 1932, cuando habría intentado localizar una puerta tapiada.

El intento, según esta interpretación, no habría dado resultado porque Carter buscó en el lugar equivocado.

Si la reconstrucción propuesta por Reeves es correcta, Carter habría investigado el lado izquierdo cuando la posible puerta se encontraba en el lado contrario. Las imágenes de Factum Arte sitúan la posible puerta a una distancia de apenas unos centímetros del punto que examinó Carter.

La importancia de combinar las diferentes investigaciones

Los nuevos trabajos intentan resolver uno de los principales problemas que habían caracterizado las investigaciones anteriores: los resultados de las diferentes campañas geofísicas no siempre coincidían.

Desde 2015 se han realizado diferentes estudios, entre ellos los trabajos de Hirokatsu Watanabe, la investigación impulsada por National Geographic y los estudios realizados posteriormente por un equipo italiano entre 2017 y 2018.

Cada investigación utilizó equipos y métodos diferentes y partió de distintas expectativas sobre cómo debía aparecer una cámara oculta.

Según Cooney, uno de los problemas fue que buena parte de las investigaciones buscaban fundamentalmente un espacio vacío.

Sin embargo, un corredor o una cámara sellados por los antiguos egipcios podían estar llenos de escombros o de otros materiales y, por tanto, no necesariamente presentarían las características de un vacío limpio.

El trabajo de Eldamaty y Ballard ha consistido en revisar los datos acumulados durante una década —incluidos datos publicados parcialmente o que no habían sido publicados— y comprobar si las diferentes técnicas identificaban anomalías en las mismas zonas.

Según los investigadores, existe una correspondencia entre los diferentes datos, especialmente en las áreas situadas al norte y al oeste de la cámara funeraria.

Las reservas de otros geofísicos

A pesar de estos resultados, Cooney también se hace eco las reservas de otros especialistas.

Christopher Gaffney, de la Universidad de Bradford, considera que el informe resulta interesante, pero señala que todavía no permite alcanzar una conclusión definitiva.

Peter Styles, de la Universidad de Keele, cree plausible la interpretación de los datos microgravimétricos, aunque solicita más información.

El propio George Ballard reconoce que algunas de las anomalías se encuentran prácticamente en el límite de detección de la técnica.

Además, el equipo todavía no dispone de autorización del Gobierno egipcio para hacer público el conjunto completo de los datos, de modo que investigadores externos puedan analizarlos independientemente.

Por ello, los datos geofísicos deben considerarse una pieza más del conjunto de evidencias y no una prueba definitiva de la existencia de una tumba oculta.

Una cuestión que también afecta a la historia de las mujeres faraón

Cooney sitúa esta investigación dentro de un contexto más amplio de la historia del poder femenino en el antiguo Egipto.

Recuerda los casos de Merneith, Sobeknefru, Hatshepsut y Tawosret, mujeres que ejercieron un poder ejecutivo real y cuya memoria histórica sufrió posteriormente diferentes procesos de modificación, eliminación de las listas reales o usurpación de monumentos.

Desde la perspectiva de Cooney, la posibilidad de que Nefertiti hubiera ejercido como faraón tras la muerte de Ajenatón encajaría en este contexto.

La posibilidad de que la cámara funeraria de Tut-anj-Amon se encuentre delante de una tumba originalmente destinada a Nefertiti constituiría, por tanto, un caso más de reutilización y transformación de un monumento real.

Esta interpretación forma parte de la hipótesis histórica de Reeves y Cooney y no constituye una identificación arqueológica demostrada.

La decisión está ahora en manos de Egipto

La posible exploración de las estructuras ocultas depende ahora de la autorización del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.

El proyecto se desarrolla bajo dirección egipcia y el trabajo de campo cuenta con la participación del National Research Institute of Astronomy and Geophysics de Egipto.

Si se autorizan las perforaciones, las pequeñas cámaras introducidas a través de los orificios podrían permitir observar directamente el interior de las posibles estructuras.

De esta manera se podría determinar si las anomalías detectadas mediante los diferentes métodos geofísicos corresponden realmente a espacios construidos por los antiguos egipcios.

¿Y si las cámaras existen?

Incluso si se confirma la existencia de nuevas cámaras, todavía quedaría por resolver una cuestión fundamental: qué contienen.

Cooney recoge la posibilidad planteada por Ray Johnson, antiguo director del Epigraphic Survey de Luxor, de que las estructuras pudieran ser simplemente almacenes.

También cabe la posibilidad de que, si pertenecieron a una tumba anterior, sus objetos funerarios fueran reutilizados posteriormente para el enterramiento de Tut-anj-Amon.

En ese caso, incluso si se encontrara la tumba de Nefertiti, podría no conservar un ajuar comparable al extraordinario conjunto descubierto en KV 62.

George Ballard plantea además otra posibilidad: que las inundaciones repentinas producidas durante más de tres mil años hayan afectado a las posibles cámaras, provocando derrumbamientos o acumulaciones de agua y escombros.

Por tanto, demostrar cómo fue construida la tumba no significaría necesariamente saber qué ha sobrevivido en su interior.

Una respuesta que todavía está pendiente

La investigación se encuentra así ante una nueva fase.

Los datos geofísicos no han demostrado todavía que exista una tumba de Nefertiti detrás de KV 62. Tampoco han demostrado que las anomalías detectadas correspondan necesariamente a cámaras funerarias.

Lo que sí han hecho, según el análisis de Cooney, es reforzar una hipótesis que hasta ahora había sido examinada principalmente a partir de la arquitectura, la decoración y diferentes estudios geofísicos realizados a lo largo de los últimos años.

La posible existencia de estructuras detrás de la tumba de Tut-anj-Amon podrá comprobarse únicamente mediante una investigación directa.

Y el resultado no tiene por qué ser el descubrimiento de una nueva tumba llena de tesoros. La confirmación de corredores, cámaras o modificaciones arquitectónicas desconocidas sería ya un hallazgo de gran importancia para comprender la historia de KV 62 y la manera en que fue concebida, modificada y reutilizada.

Como señala Kara Cooney, el valor de la arqueología no depende necesariamente del hallazgo de un nuevo tesoro. También reside en comprobar si una hipótesis construida a partir de diferentes evidencias puede resistir el contraste con nuevos datos.

Por ahora, la pregunta continúa abierta: ¿qué se encuentra detrás de la tumba de Tut-anj-Amon?

Si las autoridades egipcias autorizan los sondeos, las imágenes obtenidas mediante las pequeñas cámaras podrían proporcionar finalmente una respuesta.

Artículo original

Kara Cooney, «The Tomb Behind Tutankhamun’s Tomb», Ancient Now, 28 de septiembre de 2026.

Acceso al artículo completo: https://ancientnow.substack.com/p/the-tomb-behind-tutankhamuns-tomb?r=18ekyx&utm_medium=ios&fbclid=Iwb21leAUnysBjbGNrBSfKeGV4dG4DYWVtAjExAHBkb2YBc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEexoQ3z2-OZXyj7cXUSAp0ZxaS9wPyaoLN8bRnP6nKi2QVTZhlh3xutAGEopY_aem_IeTyGXkCW2NgYX7OYF-VGA&utm_id=97757_v0_s00_e0_tv2_a1demonlivm5r1