Un estudio científico publicado recientemente en Science Advances ha permitido identificar, mediante técnicas de paleoproteómica, varios ingredientes orgánicos empleados en la elaboración de pinturas del antiguo Egipto que hasta ahora habían pasado inadvertidos. Entre ellos aparecen proteínas procedentes de animales utilizados para fabricar colas, así como proteínas de huevo y de distintas plantas, entre ellas el sésamo y la moringa.
Los investigadores analizaron 28 micromuestras procedentes de 14 obras egipcias y recurrieron a la espectrometría de masas para identificar las proteínas conservadas en los materiales pictóricos. Esta metodología permite reconocer determinados ingredientes orgánicos incluso cuando han desaparecido las evidencias visibles de su utilización.
Uno de los resultados más llamativos es la identificación de proteínas de huevo atribuidas a gallina. El hallazgo resulta especialmente interesante porque el origen y la fecha de introducción del pollo doméstico (Gallus gallus domesticus) en Egipto siguen siendo objeto de debate.
Tradicionalmente se había considerado que la gallina pudo llegar a Egipto durante el Reino Nuevo, a partir del segundo milenio a. C., y algunas representaciones y referencias textuales habían sido interpretadas en este sentido. Sin embargo, estas evidencias son discutidas y no permiten afirmar con seguridad que el pollo doméstico estuviera ya establecido en Egipto durante ese período. Los restos arqueozoológicos considerados inequívocos son, en general, bastante más tardíos y apuntan al primer milenio a. C.
El nuevo descubrimiento aporta ahora una pieza de información diferente: demuestra que un producto procedente de huevo de gallina fue utilizado en determinados materiales pictóricos egipcios. Esto constituye una evidencia importante, pero conviene no interpretarla automáticamente como una prueba de que las gallinas fueran ya criadas de forma habitual en Egipto en la época de las obras analizadas. El huevo, o algún producto elaborado a partir de él, pudo haber llegado mediante redes de intercambio desde otras regiones en las que el ave ya estaba presente.
La distinción es importante: la presencia de un producto derivado de un animal no implica necesariamente la presencia estable del propio animal en el lugar. Del mismo modo, el hallazgo no permite concluir por sí solo que existiera ya una producción local de huevos de gallina.
El estudio también ha identificado proteínas procedentes de semillas de sésamo y de moringa, además de diferentes tipos de colágeno animal empleados probablemente en la preparación de colas y otros materiales utilizados por los artesanos. Estos resultados muestran hasta qué punto las pinturas antiguas pueden conservar información sobre las técnicas y materias primas utilizadas por los artistas.
La investigación abre además nuevas posibilidades para el estudio de la tecnología artística egipcia. La aplicación de técnicas paleoproteómicas a pequeñas muestras permite reconstruir una parte de la «receta» de las pinturas y descubrir sustancias orgánicas que no son fácilmente identificables mediante los métodos tradicionales.
En el caso concreto del huevo de gallina, el descubrimiento resulta especialmente significativo porque introduce una nueva evidencia en el debate sobre la llegada del pollo a Egipto. No modifica por sí solo la cronología establecida a partir de los restos arqueozoológicos, pero sí demuestra que los productos derivados de esta ave pudieron circular y ser utilizados en Egipto antes de que podamos hablar con seguridad de una cría generalizada de gallinas.
Así, más que demostrar que «la gallina ya estaba en Egipto» en una fecha determinada, el estudio proporciona una nueva y valiosa pista sobre la circulación de productos animales y sobre las sofisticadas técnicas empleadas por los artesanos del antiguo Egipto.
Enlace al trabajo original: https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.ady3618?utm_source
