La revista científica Remote Sensing ha retirado un artículo publicado en 2022 que afirmaba que el radar por satélite podía revelar estructuras ocultas en el interior y bajo la Gran Pirámide de Jufu (Keops). La revista ha justificado la decisión por la existencia de «graves deficiencias metodológicas y errores estadísticos» que socavaban las conclusiones científicas del estudio. La retractación fue publicada el 10 de agosto de 2026 y aprobada por el editor jefe de la revista.
El artículo, firmado por Filippo Biondi y Corrado Malanga, llevaba por título Synthetic Aperture Radar Doppler Tomography Reveals Details of Undiscovered High-Resolution Internal Structure of the Great Pyramid of Giza («La tomografía Doppler mediante radar de apertura sintética revela detalles de la estructura interna de alta resolución no descubierta de la Gran Pirámide de Guiza»). Fue recibido por la revista el 30 de agosto de 2022, revisado el 28 de septiembre, aceptado el 12 de octubre y publicado el 19 de octubre de ese mismo año.
Según la nota de retractación, después de la publicación un lector planteó dudas sobre la metodología empleada. El equipo editorial y el consejo de la revista investigaron estas cuestiones y concluyeron que existían «graves deficiencias metodológicas y errores estadísticos» que comprometían las conclusiones científicas del artículo. Los autores fueron informados de la decisión y manifestaron su desacuerdo. La revista no hizo públicas sus objeciones.
El estudio proponía una metodología novedosa basada en el análisis de pequeños movimientos de la pirámide provocados por las vibraciones sísmicas ambientales. Los autores sostenían que estos micromovimientos podían analizarse mediante tomografía Doppler con radar de apertura sintética (SAR) y utilizarse para reconstruir la estructura interna del monumento.
Para ello emplearon imágenes obtenidas por el sistema italiano de satélites COSMO-SkyMed. Según los investigadores, el procesamiento de estos datos permitía obtener una representación tridimensional de alta resolución del interior y del subsuelo de la Gran Pirámide. Llegaron a afirmar que, mediante el análisis de los micromovimientos, la pirámide podía hacerse prácticamente «transparente».
El artículo identificaba 20 supuestas estructuras, entre ellas rampas ascendentes y descendentes, corredores, cámaras, pasadizos de conexión, un «pequeño vacío» y otra estructura denominada «gran vacío». Estas estructuras se mostraban mediante imágenes tomográficas y modelos tridimensionales generados por ordenador.
Sin embargo, los propios autores reconocían algunas de las limitaciones de su procedimiento. Admitían que las mediciones incluían también el material situado alrededor de las estructuras propuestas y que la técnica no permitía distinguir de manera concluyente entre zonas sólidas y espacios vacíos. Asimismo, señalaban que su hipótesis solo podría ser validada mediante una confirmación sobre el terreno. Hasta la fecha, ninguna excavación, inspección física o estudio geofísico independiente ha confirmado la red de estructuras representada en sus reconstrucciones.
El artículo iba incluso más allá de la propuesta de un supuesto mapa del interior de la pirámide. Los autores interpretaron las estructuras que habían identificado como parte de un amplio sistema acústico que, según su hipótesis, habría estado lleno de agua y podría haber funcionado como resonador o filtro de paso bajo.
También especularon con que las personas situadas en las cámaras del Rey y de la Reina podrían haber estado expuestas a determinadas frecuencias sonoras con «fines curativos y religiosos». Asimismo, plantearon la posibilidad de que el agua hubiera circulado por las cámaras y pasadizos de la pirámide antes de regresar hacia el Nilo.
Dudas ya planteadas durante la revisión por pares
El registro público de la revisión por pares muestra que algunos revisores ya habían expresado dudas sobre la metodología y, especialmente, sobre la validación de los resultados antes de la publicación.
Uno de los revisores señaló que faltaba una validación adecuada y consideró débiles las conclusiones. En una versión anterior del manuscrito, otro revisor advirtió de que las estructuras aparentemente detectadas podían ser artefactos producidos por la propia técnica y reclamó experimentos controlados sobre estructuras cuyo interior fuese conocido.
Ese mismo informe cuestionaba la ausencia de ejes de medición que permitieran determinar las dimensiones de las estructuras y planteaba dudas sobre la forma en que las imágenes tomográficas habían sido superpuestas a los esquemas de la pirámide. El revisor consideraba necesario que las correspondencias entre ambos elementos se establecieran mediante procedimientos automáticos y objetivos, evitando ajustes subjetivos de escala y posición.
El arqueólogo especializado en radar Lawrence B. Conyers, uno de los revisores, señaló además que no podía evaluar las ecuaciones matemáticas empleadas por los autores y recomendó que la revista solicitara la opinión de otro especialista capaz de hacerlo.
Posteriormente, Conyers cuestionó también que un sensor de radar situado en un satélite pudiera detectar desde la órbita unas microvibraciones de la magnitud planteada por los investigadores.
Las posteriores afirmaciones sobre Jafra (Kefren)
La retractación afecta al artículo de 2022 sobre la Gran Pirámide de Jufu y no directamente a las afirmaciones posteriores de los investigadores sobre la existencia de estructuras bajo la pirámide de Jafra. Estas últimas no formaban parte del artículo ahora retractado ni habían sido publicadas en una revista científica sometida a revisión por pares.
Las nuevas afirmaciones adquirieron una enorme repercusión en marzo de 2025, cuando Biondi, Malanga y sus colaboradores presentaron en Italia un nuevo análisis.
El equipo aseguró haber identificado cinco grandes estructuras conectadas cerca de la base de la pirámide de Jafra y ocho grandes pozos cilíndricos que, según ellos, descenderían unos 648 metros. También afirmaron que estos pozos estarían rodeados por estructuras en espiral y conducirían hasta dos estructuras de forma cúbica.
Los investigadores llegaron a sugerir que cámaras y túneles podrían extenderse hasta dos kilómetros bajo la meseta de Guiza.
Durante la presentación se hicieron además referencias al inframundo del antiguo Egipto y a las llamadas Salas de Amenti. Estas afirmaciones alimentaron en las redes sociales la interpretación del supuesto complejo como una «ciudad subterránea» e incluso como la legendaria «Sala de los Registros».
Sin embargo, estas afirmaciones sobre Jafra no han sido publicadas en una revista científica con revisión por pares, reproducidas de manera independiente ni verificadas mediante excavaciones o estudios geofísicos realizados sobre el terreno.
El egiptólogo y antiguo ministro de Antigüedades Zahi Hawass rechazó públicamente estas afirmaciones en marzo de 2025 y aseguró que carecían de base científica. También señaló que ni el Ministerio de Turismo y Antigüedades ni el Consejo Supremo de Antigüedades habían autorizado a los investigadores a realizar trabajos en el interior o en los alrededores de la pirámide de Jafra.
Hawass negó asimismo que se hubiera utilizado equipamiento de radar dentro de la pirámide y afirmó que las estructuras descritas por los investigadores no podían haberse detectado mediante los métodos empleados.
La respuesta de la comunidad científica egipcia
Una evaluación egipcia publicada en abril de 2025 puso de manifiesto la diferencia entre el artículo científico de 2022 sobre Jufu y las afirmaciones posteriores, difundidas principalmente mediante una presentación y material audiovisual, sobre supuestas estructuras bajo Jafra.
Mohamed Ismail Khaled, entonces secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, reconoció la utilidad de la tecnología SAR en numerosas aplicaciones geoespaciales, pero cuestionó que los diminutos movimientos de la superficie de la pirámide detectados desde un satélite pudieran permitir obtener imágenes precisas de corredores y columnas situados cientos de metros por debajo de una estructura maciza de piedra.
También señaló que la formación académica de Biondi corresponde a la ingeniería eléctrica y la de Malanga a la química industrial, y no a la egiptología o la arqueología.
Khaled cuestionó además el breve proceso de revisión y aceptación del artículo y consideró que las afirmaciones sobre la identificación de estructuras con semejante precisión no habían sido respaldadas mediante mediciones realizadas sobre el terreno.
Un precedente: el Gran Vacío de Jufu
La polémica recuerda la importancia de distinguir entre la detección de una anomalía y la identificación de una estructura arqueológica concreta.
El descubrimiento del denominado «Gran Vacío» de la Gran Pirámide en 2017 constituye un buen ejemplo. Las técnicas empleadas por la misión ScanPyramids permitieron detectar una anomalía compatible con un espacio vacío, pero la existencia de un «vacío» no implicaba necesariamente que se tratara de una cámara, una estancia o un corredor con una función determinada.
Posteriormente, las investigaciones combinaron diferentes técnicas —entre ellas la muografía, la termografía infrarroja, el georradar, los ultrasonidos y la modelización tridimensional— y una cámara endoscópica permitió obtener imágenes directas de un corredor oculto descubierto en la zona norte de la pirámide.
La diferencia es fundamental: la detección remota de una anomalía constituye un resultado científico que debe ser interpretado con cautela; su identificación como una cámara, corredor, pozo o estructura arquitectónica concreta requiere evidencias adicionales.
Las afirmaciones siguen sin estar verificadas
A pesar de la retractación del artículo de 2022, Biondi ha continuado difundiendo material relacionado con el proyecto. El 25 de agosto compartió un fragmento del programa de History Channel The UnXplained dedicado a las supuestas estructuras bajo Guiza.
También difundió un vídeo del denominado Khafre Project en el que se afirmaba que el 22 de agosto se habían presentado ante el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto planes para realizar mediciones de campo no invasivas y solicitudes de permisos de excavación. No obstante, el anuncio no indicaba que las autoridades egipcias hubieran aprobado ninguna de estas propuestas.
Por el momento, las supuestas estructuras subterráneas bajo la pirámide de Jafra siguen sin haber sido confirmadas mediante excavación, inspección directa o mediciones geofísicas independientes.
La retractación de Remote Sensing tampoco demuestra por sí misma que no existan estructuras desconocidas en el subsuelo de las pirámides. Lo que establece es algo mucho más concreto: las conclusiones del artículo de 2022 de Biondi y Malanga no pueden considerarse científicamente fiables a la luz de los problemas metodológicos y estadísticos detectados por la propia revista.
Fuente original: https://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/1238/576187/Egypt/Tourism/Great-Pyramid-radar-study-on-;hidden-structures;-r.aspx
