El estudio de la TT 209 analiza 16 individuos humanos momificados, un cánido y los restos de al menos otros cuatro individuos, y muestra cómo la reutilización de la cámara modificó progresivamente la organización de los enterramientos
Un estudio arqueotanatológico de la tumba tebana TT 209, situada en el Asasif Sur, en la orilla occidental de Luxor, ha permitido reconstruir cómo se transformó la utilización de una de sus cámaras funerarias a lo largo de varios siglos. La investigación, realizada por Jared Carballo-Pérez y Miguel Ángel Molinero Polo y publicada el 18 de agosto de 2026 en la revista científica Frontiers in Environmental Archaeology, analiza la cámara lateral 3 (SC3) de la tumba y documenta una compleja secuencia de reutilización funeraria desde la dinastía XXV hasta época ptolemaica.
La TT 209 fue construida durante la dinastía XXV y continuó utilizándose hasta el periodo ptolemaico. La cámara estudiada conserva una secuencia estratificada de enterramientos que permite observar cómo las prácticas funerarias fueron adaptándose a un espacio que ya había sido utilizado anteriormente.
El conjunto arqueológico estudiado está formado por 16 individuos humanos, cuyos restos suman 1.444 huesos conservados en posición primaria o parcialmente primaria, además de un cánido momificado. A ellos se añade un depósito secundario, alterado térmicamente, compuesto por 1.775 fragmentos óseos correspondientes, como mínimo, a otros cuatro individuos.
Una cámara reutilizada durante siglos
El objetivo principal de la investigación no es únicamente identificar los restos humanos conservados en la cámara, sino reconstruir la secuencia en la que fueron depositados y la manera en que cada nuevo enterramiento modificó el espacio funerario.
Para ello, los investigadores combinaron el estudio de la posición de los cuerpos, el uso de ataúdes, las relaciones estratigráficas, la superposición de los restos y su asociación con objetos funerarios. La cámara fue dividida en nueve depósitos funerarios, tanto individuales como múltiples.
Los enterramientos más antiguos, probablemente relacionados con la dinastía XXV, presentan una organización relativamente individualizada. Los cuerpos fueron depositados en ataúdes y ocupaban sectores diferenciados de la cámara. Algunos de estos enterramientos estaban acompañados de redes funerarias, amuletos y otros objetos, entre ellos recipientes cerámicos y materiales considerados de cierto valor.
Esta organización fue cambiando progresivamente con la reutilización de la cámara.
A partir de las fases finales de la dinastía XXV y, especialmente, durante el periodo persa, los nuevos cuerpos comenzaron a introducirse en espacios que ya estaban ocupados por enterramientos anteriores. Como consecuencia, aumentó la densidad de los depósitos y se desarrolló una organización cada vez más vertical.
La superposición de cuerpos se documenta en aproximadamente dos tercios de los enterramientos de la cámara. Los investigadores consideran que este proceso no debe interpretarse como una acumulación caótica, sino como una reorganización del espacio funerario en la que cada nuevo enterramiento se adaptaba a la presencia de los anteriores.
Del ataúd como estructura del enterramiento a un espacio condicionado por los cuerpos
Uno de los cambios observados afecta al papel de los ataúdes.
En las primeras fases, el ataúd constituía un elemento fundamental para estructurar el enterramiento y establecer una relación relativamente individualizada entre el cuerpo, su contenedor y los objetos funerarios asociados.
En las fases posteriores, los ataúdes pierden progresivamente ese protagonismo. Algunos cuerpos fueron depositados sin ataúd y directamente sobre otros individuos o en los espacios que permanecían disponibles.
Esto no significa, sin embargo, que las prácticas funerarias hubieran perdido su carácter ritual. Los investigadores señalan que los cuerpos continuaron siendo cuidadosamente momificados y que determinadas prácticas, como la colocación de los brazos sobre el pecho en la denominada posición osiríaca, aparecen en los enterramientos más tardíos.
La transformación afectó, por tanto, fundamentalmente a la organización material del espacio funerario. El cuerpo, los restos de enterramientos anteriores, los sedimentos y las características arquitectónicas de la cámara pasaron a desempeñar conjuntamente el papel que anteriormente correspondía en mayor medida al ataúd.
Una forma de “memoria funeraria”
Los investigadores utilizan el concepto de “memoria funeraria” para describir este proceso.
Con esta expresión no pretenden afirmar necesariamente que los antiguos egipcios quisieran conservar de manera consciente la memoria de los individuos enterrados anteriormente. Se refieren a que los cuerpos, ataúdes, objetos y sedimentos de los enterramientos previos permanecían físicamente en la cámara y condicionaban la colocación de los siguientes.
La reutilización del espacio no borraba completamente lo anterior, sino que los nuevos enterramientos se incorporaban a una configuración que ya existía.
De este modo, la cámara puede entenderse como un espacio funerario continuamente reactivado y reconfigurado, en el que cada nueva deposición modificaba la organización del conjunto sin eliminar necesariamente las huellas de las anteriores.
El cánido momificado sobre dos cuerpos humanos
Uno de los hallazgos más llamativos de la cámara se encuentra en su sector sureste, donde varios individuos fueron depositados en superposición vertical durante el periodo ptolemaico.
Entre ellos se encuentran un hombre y una mujer, sobre cuyos miembros inferiores fue colocado un cánido momificado.
La posición del animal resulta especialmente llamativa porque se encuentra directamente sobre los cuerpos humanos. Los investigadores consideran que esta disposición podría indicar una relación estrecha entre el animal y las personas con las que fue enterrado, aunque reconocen que no es posible establecer cuál fue exactamente la intención de esta deposición.
Otra posibilidad planteada en el estudio es que el animal desempeñara una función ritual y pudiera haber asumido simbólicamente el papel de psicopompo, es decir, de acompañante del difunto en su tránsito hacia el Más Allá.
Estas interpretaciones son, sin embargo, hipótesis y no conclusiones demostradas. El artículo presenta ambas posibilidades como vías de interpretación del excepcional contexto funerario.
Una historia condicionada también por inundaciones y alteraciones posteriores
La interpretación de algunos depósitos presenta dificultades debido a la compleja historia de la cámara.
Durante los siglos en los que estuvo en uso, la tumba sufrió varias inundaciones, además de incendios y posteriores entradas humanas que pudieron desplazar materiales y restos.
Estas alteraciones hacen difícil establecer en determinados casos la secuencia exacta de las deposiciones y determinar con absoluta seguridad la intención que existió detrás de cada una de ellas.
Precisamente por ello, los investigadores advierten de que algunos depósitos que anteriormente podían parecer simplemente “desordenados” pueden ser reinterpretados cuando se analiza detalladamente la posición de los cuerpos, su relación con los restos anteriores y la estratigrafía de la cámara.
Una ventana a la reutilización de las tumbas egipcias
La importancia del estudio de la TT 209 reside, por tanto, en que permite observar cómo una cámara funeraria pudo cambiar de organización y significado a lo largo de varios siglos.
La investigación muestra una evolución desde enterramientos relativamente individualizados, realizados en ataúdes y en sectores diferenciados, hacia un sistema progresivamente más denso y vertical, en el que los nuevos cuerpos se incorporaban a un espacio condicionado por los enterramientos anteriores.
Los autores subrayan que esta transformación no supone el abandono de las prácticas funerarias ni la aparición del caos, sino un cambio en la lógica de deposición. La reutilización del espacio obligó a adaptar las nuevas inhumaciones a una realidad material ya existente.
El estudio de la TT 209 constituye así una aportación significativa al conocimiento de las prácticas funerarias egipcias del primer milenio a. C. y, especialmente, al modo en que las tumbas fueron reutilizadas y transformadas con el paso del tiempo.
Los investigadores señalan además que el análisis arqueotanatológico constituye una primera aproximación al conjunto. El estudio bioarqueológico de los individuos podrá aportar en futuras investigaciones nueva información sobre las personas enterradas en la cámara y sobre las comunidades que utilizaron este espacio funerario.
Fuentes:
- Carballo-Pérez, J., & Molinero Polo, M. Á. (2026). From individualized mummies to collective accumulations: an archaeothanatological analysis of funerary reuse in Theban Tomb 209 (Twenty-Fifth Dynasty–Ptolemaic Egypt). Frontiers in Environmental Archaeology, 5, 1888379. DOI: 10.3389/fearc.2026.1888379.
→ Esta es la fuente principal y la imprescindible. El artículo fue publicado el 18 de agosto de 2026 y es una investigación original. - SINC (18 de agosto de 2026). Una tumba egipcia revela cómo cambiaron las prácticas funerarias durante siglos.
→ Es una buena fuente secundaria para la noticia porque recoge declaraciones de Jared Carballo-Pérez y explica el estudio para un público general.
Noticia de SINC - El País (18 de agosto de 2026). El hallazgo de un perro sobre una pareja en una tumba del antiguo Egipto intriga a los científicos: «Es un detalle muy bello y realmente excepcional».
→ La utilizaría únicamente como fuente periodística complementaria, sobre todo para el episodio del cánido y las declaraciones de los investigadores.
Artículo de El País
